Clima caliente en el Gigante Verde: Insultos y reproches

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Por Edgardo Perafán – Diario El Sol

A la derrota del viernes ante Libertad, se le sumó el papelón del dirigente Enrique Agosti, quien habría insultado a su propio plantel y discutió en pleno partido con el entrenador Eduardo Japez. ¿Sigue el DT?.

Terminó mal Estudiantes el viernes por la noche. Por el resultado, que lo sumerge en la incertidumbre del descenso; por el rival, que era directo en la lucha por el mismo y ganó su primer partido de visitante en toda la Liga (merecidamente, anteanoche); por un plantel que no ofreció casi respuestas y en el que se salvan dos jugadores y habría que buscar con lupa algún tercero; porque no se puede terminar un partido con una estadística, por ejemplo, de 1 solo triple embocado de 19 intentos; porque tampoco se puede creer los ataques desperdiciados.

Que me perdonen la lectura, pero Estudiantes jugó para descender el viernes y ojalá pueda ser casi uno de los últimos avisos para que mejore. Pero, lamentablemente, esto no fue todo y terminó peor aún la noche, y por un hecho extradeportivo (aunque vaya implícito dentro de lo que es el equipo), del que no queríamos ser testigos, obviamente. Y pasamos a contar los hechos tal como lo vi, y sin que nadie me lo haya tenido que contar.

Estudiantes arrancó ganando, luego tuvo una recaída de sus malas actuaciones y Libertad tomó nota para pasar al frente, e incluso sacar muy buena diferencia de 15 puntos, por momentos. Aún con lo mal que jugó, el Verde se le acercó en el último cuarto, al tiempo que incluso lo igualó. Renacía la esperanza. Pero tras igualarlo en 55 no convirtió ningún punto más en los últimos 2 minutos de juego. Y su rival hizo 9 para ganar definitivamente 64 a 55.

Incluso, estuvo en el segundo cuarto más de 4 minutos para hacer un punto el equipo concordiense. Muy poco, sin duda. Entonces, los dirigentes, los más pesados, que son Enrique Agosti y “Yoyi” Siebsenher, estaban más que nerviosos, visiblemente nerviosos y yo al menos no los he visto tan así en otros partidos. O tal vez el silencio, porque se jugó sin público, hacía que le prestara más atención a sus voces.

Ambos dirigentes gritaban, se lamentaban ante cada jugada. Cada uno en el lugar que casi siempre ocupan, Siebsenher en la platea que da al sur, y Agosti en la que da a la calle San Luis, en la punta. Pero un rato antes que terminara el partido, Agosti, movido por los nervios y quizá enajenado por la situación que se estaba viendo y que venía desde dentro de la cancha, se movió y se fue a sentar justo detrás del banco de suplentes de Estudiantes.

Y allí estalló el papelón. Agosti comenzó a proferir insultos contra algunos jugadores, a descargarse contra ellos, olvidando su papel de dirigente, del que debe conservar su decoro. El manual del dirigente dice, quizá en su primer párrafo, que tiene que sacarse su carácter de hincha normal. No puede estar en la cancha gritando e insultando como cualquier hincha, porque primero están los colores del club, primero está la institución que él defiende, en este caso. Se cruzó al otro bando, al del decoro, la tranquilidad, el ser nexo entre la institución y jugadores-cuerpo técnico.

Se saca la gorra y la vincha, para ponerse el “traje” de dirigente. Otra situación totalmente distinta y que debe conservar con educación y muy sobre todo, respeto hacia todos. Al escuchar de quien venían esos insultos, Japez lo habría increpado decididamente con palabras como “decime las cosas a mí, no a los jugadores”, palabras más, palabras menos.

Pero desde donde yo estaba se veía la discusión y hasta Japez lo señalaba con el dedo índice, mientras caminaba como león enjaulado de un lugar a otro, con los jugadores suplentes siendo testigos atónitos de lo que estaban presenciando. Los jugadores desde dentro de la cancha también, obviamente, palparon la situación y seguramente lo habrán escuchado en el silencio del Gigante Verde del viernes.

Esto ocurrió a un minuto, quizá un minuto y medio del final. Y cuando la chicharra sonó, Japez se fue al vestuario, normalmente pero se lo notaba nervioso y agitado. Agosti buscó la puerta y se perdió tras la misma, poco menos que desapareciendo del lugar. “Yoyi” se había ido, incluso, antes que termine el partido y creemos que no presenció lo ocurrido con Agosti y Japez.

Yo me quedé dentro del estadio, acompañado del amigo y colega Adrián Brodsky, quien siempre que anda por Concordia va a ver y cubrir con su mirada periodística las jornadas deportivas. Y aquí con más razón porque tiene el orgullo de que su hijo Jaime está yendo al banco de suplentes de primera.

Cuando fuimos hacia el sector de salida, como para ir esperando afuera la salida de Jaime, con quien su padre iba a ir a cenar en familia, Japez abandonó el vestuario seguido por una “tropa” de jugadores y al pasar por delante de mí dijo textuales palabras “me voy, me voy, a mi este no me va a putear a los jugadores”. Y los que iban detrás trataban de calmarlo, porque sabían lo que iba a ser o bien porque justamente no sabían y temían que cometa una locura propia de su calentura.

Algunos dijeron que iba a buscar a Agosti para hablar cara a cara, otros que sencillamente se iba caminando a su casa masticando bronca. Lo cierto es que poco menos que lo corrieron media cuadra y lo trajeron de vuelta para el lado del club. Lucas Pérez tenía su auto estacionado casi en la puerta y se lo llevó a Japez, dispersándose todos y los jugadores volviendo al vestuario, ya que algunos lucían sin bañarse aún. La historia terminó allí.

¿Terminó allí?… Ayer no hubo noticias de nadie, ya que por obvias razones nadie quiso hablar, ni jugadores, ni el técnico, ni dirigentes, ni allegados, para poner paños fríos y porque cualquier cosa que dijeran podía serles contraproducentes. Tampoco, obvio, no sabremos quizá nunca qué pasó en el vestuario, siquiera ni cómo estaba Japez, que presumimos estaba mínimo muy nervioso. Y se sabe que el entrenador es un tipo educado, correcto, caballero, que tiene un urbanismo destacado.

Pero lo de ese viernes por la noche fue un papelón desde donde se lo mire. Simplemente partiendo de la base que un dirigente no puede romper el cerco y volver a ser hincha gritando cualquier cosa, y menos insultando a su propios jugadores. Y digo a sus propios jugadores porque es el equipo que él armó, que la comisión profesional armó, o al menos pudieron armar con lo que les dio el bolsillo este año.

Y es obvio, además, que si había algo que decir era en el vestuario o bien calmándose hasta ayer sábado, convocar a Japez y decirle todo lo que quisiera decirle en la cara, en una charla entre amigos, enemigos, caballeros o lo que sea, pero frente a frente y en privado. Agosti hubiera dado otra muestra de grandeza, también, si iba al vestuario y hablaba con todos, y exponía su enojo, su malestar.

Estaba en todo su derecho como dirigente y el dirigente siempre es el que da la cara, en todo sentido. Y Japez dio la cara, pero por sus jugadores y en un notable gesto. Y estamos seguros que el entrenador entendería si ese dirigente se encierra con tal o cual jugador y lo regaña por su actuación, o por cómo viene jugando, o hasta si incluso lo corta (lo echa). Sería respetuoso porque la privacidad es el ámbito, o el vestuario, o el entrenamiento del día siguiente a puertas cerradas.

Ayer, me enteré, que muchos estaban preocupados sobre si las cámaras de streaming captaron las escenas entre Agosti y Japez, la discusión que hubo en pleno partido. Y si bien no la vi, debe haberlo captado, por el silencio del estadio, primero, y porque el gran angular de la cámara lo permite ya que no se hace primeros planos de los jugadores, salvo cuando el juego está detenido. Lo que no sé, y tampoco quiero saber (y ojalá que no se dé) es si la CABB puede actuar de oficio y al menos preguntar qué pasó para pensar en alguna sanción. O quizá todo quede allí.

Pero para una institución tan históricamente grande como Estudiantes, eso no puede quedar allí, tiene que hablarse hasta el hartazgo y tratar, por todos los medios, que no suceda. Si es un hincha, se le dará la importancia o no que se merece. Pero aquí el que insultó a su plantel fue un dirigente, y el más importante, creemos, que tiene Estudiantes hoy por hoy y al que le agregamos el “pergamino” de ser propietario de una de las empresas más pujantes de la ciudad, sino directamente la más importante y pujante. No estamos “matando” al dirigente, sino damos cuenta que se equivocó, que le erró al camino y que expuso a Estudiantes al papelón que finalmente se vivió el viernes por la noche.

¿Qué hará Japez?. Si me preguntan mi sensación, podría dejar de ser el entrenador de Estudiantes. Salvo que haya una “reconciliación” muy fuerte con Agosti y un mediador de esos importantísimos para que ello ocurra. Esa frase, en caliente o como sea, “me voy” es de una gota que rebasó un vaso con el que se estaba haciendo equilibrio para que no se derramara nada.

El viernes hubo una crisis y se lo arrastró al club a la misma, al menos al básquetbol de primera división. Que el agua no llegue al río y la correntada se termine llevando a varios. Alguien tendrá que detener esto a tiempo, como para que no estemos hablando de cosas peores. Eso sí, del papelón no se salvaron porque fue a la vista de los pocos que en silencio, como el mismo Gigante, asistimos a una noche “de terror”.