El primer campeón de la NBA en Argentina llegó a Estudiantes en 1987

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Estudiantes de Concordia se dio el lujo de tener al primer campeón de la NBA que llegó a la Argentina para jugar en la Liga Nacional. La historia sorprendente de Joseph Pace, un gigante de 2.08 m. que ganó en anillo con los Washington Bullets en 1978 y aunque siguió jugando como profesional, nunca pudo sobreponerse a sus adicciones hasta terminar sumergido en la pobreza.

Puede ser la historia similar a la de muchos basquetbolistas extranjeros que han pasado por nuestro país; sin embargo, el periplo de Joseph Pace, el primer campeón de la NBA que jugó en la Liga Nacional, tiene la particularidad ‎de poseer a la ciudad de Concordia como referencia ineludible, ya que Estudiantes fue su destino inicial por estos lares.

La difícil niñez, la NBA y el comienzo del infierno

“Joe” tuvo una infancia muy complicada. Sus padres, Josephine y Herbert, eran alcohólicos y criaron a sus seis hijos entre gritos, violencia y noches oscuras en New Brunswick, en el estado de Nueva Jersey. Los primeros años en la escuela primaria fueron conflictivos; por su personalidad muy retraída ‎y la dificultad para asimilar conocimientos, los maestros pensaron que tenía algún retraso.

A los 9 años quedó claro que su altura era superior a la media de los chicos de su edad, entonces lograron convencer a su madre para que su niño comience a practicar básquetbol y de ese modo apuntar a la sociabilización del pequeño. Allí se le abrió el paraíso para poder perseguir a su modo un pedacito de felicidad en el mundo.

Su despegue hacia el básquet profesional se dio después de las cuatro temporadas en las Universidades de Maryland Eastern Shore y Coppin State, donde promedió 18,3 puntos y 18,1 rebotes por partido en dos campañas con cada una de ellas. En 1976 fue elegido por los Washington Bullets en el puesto 31 del Draft de la NBA, se incorporó al equipo pero fue el último jugador en la rotación y no superó los cuatro minutos de media en 30 juegos.

El panorama para “Joe” no fue muy diferente al año siguiente aunque logró duplicar sus minutos en cancha (3,9 puntos y 2,7 rebotes); no obstante, lo más destacado fue que se proclamó campeón de la NBA con los Bullets tras derrotar en las Finales a los Seattle Supersonics. Impaciente por estar más tiempo en cancha, Pace arrancó un peregrinar de casi una década.

La ruina personal de Pace empezó a forjarse en tierras italianas tras jugar en el Scavolini Pesaro. Luego de erigirse como gran figura de la escuadra que logró mantener su lugar en la A1, la dirigencia de la institución le comunicó que no estaría en los planes para continuar. Los hinchas salieron a la calles a reclamar la continuidad del moreno en el equipo. Pero la vuelta de su esposa Paulette y de su primer hijo a los Estados Unidos después de las promesas incumplidas de conseguirle trabajo por parte del club y el presente indefinido, lo acercaron al infierno de las drogas y el alcohol.

Ligas de menor calibre como Venezuela, México, Panamá, Inglaterra y Filipinas fueron sus próximos destinos. La competencia de escaso nivel y los bajos sueldos fueron nuevos golpes para un hombre al que el desconocimiento y la negación de otras culturas continuaron hundiéndolo en la soledad y los excesos.

La llegada a Estudiantes de Concordia

Los que peinan canas recuerdan su primer entrenamiento en Estudiantes; gran cantidad de gente acompañó los primeros lanzamientos del oriundo de New Brunswick. Había llegado a nuestro país luego que le levantaran una probation (suspensión de condena condicionada a ciertas cargas y obligaciones) que había debido cumplir por un año tras ser condenado por asalto, al entrar por la fuerza en su casa y forcejear con un hombre que se hallaba en compañía de su ex esposa, con quién quería restablecer la relación.

El gigante, que algunos dicen llegó desnutrido y con unas zapatillas dos talles menor a su número, llamaba la atención por su envergadura y su destreza física, más allá de lo que significaba tener a un campeón de la NBA en Concordia.

Pace formó parte del conjunto “verde” durante la temporada de la Liga Nacional de 1987. El representativo entrerriano hizo una buena campaña: llegó hasta los octavos de final, instancia que cayó ante Gimnasia y Esgrima La Plata en una serie muy reñida (1-2). Fue un meritorio 10° puesto para el plantel que contaba con nombres como Carlos Raffaelli, Esteban de la Fuente, Pablo Fluss, Elnes Bolling, Gustavo Aguirre, Andrés de la Fuente, Vicente Pellegrino, Hernán “Abuelito” Díaz Vélez, Daniel Bes y Eduardo López.

Tan importante fue la llegada de «Joe» que la Revista El Gráfico, a través de su periodista especializado Ricardo Orcasitas, O.R.O., en una nota cuenta como se enganchó a las drogas y el alcohol en lo que fue la vida de un trotamundos que una década antes de arribar a la Argentina tiró destellos de talento por varios rincones del planeta.

Para el que no era amante del deporte de la naranja, aquella nota publicada en el mes de octubre de 1987 pasó desapercibida entre las páginas que hablaban de la gran temporada de San Lorenzo. Con la Represa de Salto Grande de fondo, Pace posó con un balón en la mano izquierda y la camiseta del “Verde”, marca Pony y la publicidad de Guzzo. El título ya hablaba del infierno de su vida. Esa fotografía puede verse hoy en la cantina del Club Estudiantes.

El norteamericano se ganó rápidamente a los hinchas por su carisma. Adentro de la cancha le aportó mucho en el plano ofensivo al elenco dirigido por Guillermo Edgardo Vecchio: Promedió 16.7 puntos, en lo que fue su mejor temporada en los tres años que disputó la máxima categoría de nuestro básquet. San Andrés se hizo con sus servicios por los próximos dos períodos de competencia nacional (88 y 89).

Sus días en la Argentina post Estudiantes

A finales de la década del ´80 jugó un tiempo en Atlético María Juana, el club de una localidad santafesina de 5000 habitantes donde además puso un kiosco que vendía manzanas con pochoclos, toda una novedad para el pueblo. Una leyenda lugareña cuenta que en un partido ante Atlético San Jorge, Pace se tomó una cerveza en el entretiempo. Creer o reventar. Quemó sus últimos cartuchos jugando torneos de menor categoría, e incluso volvió a la Provincia de Entre Ríos en 1991 para jugar con la camiseta de Sportivo San Salvador.

Quizás fueron los cinco mejores años de su vida, recibiendo el cariño de la gente en todos los equipos por los que pasó, a los antes nombrados podemos sumarle Quilmes e Instituto de Córdoba. Pero en 1993 su carrera se deshizo cuando después de una volcada cayó al piso sobre su espalda, lo cual le generó una gravísima lesión que lo tuvo ocho meses en cama. Sus problemas se multiplicaron después de una cirugía fallida, un caso de gangrena y la ruptura de su segundo matrimonio en el que tuvo un hijo argentino.

Con su carrera en declive, con los pocos ahorros que había podido reunir se compró una tienda en Villa Ballester (Buenos Aires), la cual utilizó para mandar algunos dólares a su familia en los Estados Unidos. No tuvo suerte en los negocios. «Mi esposa dijo que no iba a estar casada con un inválido que no podía jugar más al básquet. Tuvimos que cerrar la tienda y no había dinero. Su familia le decía: `¿Por qué no te deshaces de ese vago?´», contó alguna vez Pace.

  

La vuelta a su país inmerso en la pobreza

De regreso en los Estados Unidos tuvo pocas perspectivas de insertarse de alguna forma en el mundillo del básquetbol. Comenzó a abusar nuevamente del alcohol y las drogas, y finalmente se vio obligado a pasar por un centro rehabilitación. Vendió su anillo de campeonato de la NBA en U$S 600 a una casa de empeños de Baltimore, y empezó a saltar de ciudad en ciudad. Sin pensarlo, Pace viajó en ómnibus a Seattle en 2002 después de vagar sin rumbo por su ciudad natal de Nueva Brunswick, Nueva Jersey, Baltimore, Charlotte y Atlanta durante una década.

En junio de 1998 se celebró el vigésimo aniversario del título de los Bullets y fue invitado a una cena en Washington. Sus ex compañeros quedaron impresionados con el cambio físico experimentado por Pace, que apenas pudo ser disimulado por el traje que le prestaron a última hora para que no se presente con aspecto de vagabundo. El anillo no pudo lucirlo como lo hicieron sus colegas.

Hace un par de años la Asociación de jugadores retirados de la NBA dio a conocer la difícil situación de Pace a sus miembros, y comenzaron a mandarle ropa, artículos de tocador y otros donativos no perecederos para mejorar su calidad de vida.

La última noticia que se tiene de él viene de un artículo, fechado en mayo de 2008, del Seattle Post-Intelligencer, titulado Former NBA player Joe Pace goes from glory to homeless shelter, en el que se da cuenta de su vida de vagabundo en la ciudad, viajando todo el día en los colectivos municipales con un pase para discapacitados de u$S8 mensuales, enfermo de la espalda y con grandes dolores en las rodillas, sin poder operarse, viviendo de un subsidio de U$S 600 dólares mensuales por invalidez permanente.

Pace duerme en el Centro de Servicios para Adultos de la Tercera Avenida donde comparte la habitación con 60 personas y paga U$S 3 dólares la noche por este privilegio. La cama es demasiado corta para su tamaño por lo que se enrolla con una manta de apoyo.

Hace 35 años, Pace dormía en uno de los mejores hoteles de Seattle, junto con el resto de su equipo, los Washington Bullets. El Snack bar y room service ya no son una opción para este gigante de 2.08 de estatura que por estos días pasa la vida en establecimientos de beneficencia esperando el día de su muerte. “A veces no me quiero despertar, estoy tan triste. Me despierto llorando y digo, ‘¿Qué hice yo para estar así?”.