En la recorrida por la NBA el destino nos puso el partido Brooklyn Nets vs. Dallas Mavericks. El frío newyorkino nos recibió sin escrúpulos, el 0°C es moneda corrientes por estos días.
De a poco, acercándonos a la estación Barclays Center empieza a sentirse la atmósfera de un partido de la NBA; nos sorprenden la cantidad de camisetas de Dirk Nowitzki. La efervescencia es muy distinta a cómo lo vivimos en Argentina, incluso al ritmo de Orlando o Miami donde el espíritu latino le pone un poco más de “power” a la previa.
Todo muy ordenado en la Arena de Brooklyn. Una vez con la credencial en el pecho, la primera cordial invitación es para pasar a la sala de prensa; allí por $10 el periodista puede degustar de un extenso menú de comidas y bebidas que, al que quiere, le permite llegar a su pupitre asignado con la panza llena. Allí se encuentra en papel todo lo referente a la ficha del partidos: Estadísticas, enfrentamientos previos y planilla de iniciales.
Faltan 20 minutos para el salto inicial y por sorpresa para nosotros (seguramente no lo es para los periodistas que cubren todos los días la NBA) ingresa al salón un jugador de los Mavs vestido para jugar. Tomó un plato y se sirvió unos fideos. Sí, leyeron bien. Y partió raudamente al vestuario.
El partido entre dos de los peores equipos de la campaña termina siendo atractivo, con algunos pasajes de buen juego, especialmente del lado de los Nets. Queda claro que se trata de una temporada de transición para ambas franquicias y que a esta altura ya piensan más en lo que viene.
Por supuesto que nuestros ojos estuvieron en Nowitzki por lo que significa su figura a nivel mundial. Se llevó varias ovaciones en la noche. El “flamenco” emergió en el partido en un par de oportunidades; no obstante, por su forma de moverse en en campo, los desplazamientos cansinos y su ausencia en los minutos finales pese a que el trámite estaba abierto son demostraciones que luces del alemán como basquetbolista profesional se van apagando.
De forma contraria a nuestro país, después de unos escasos minutos el vestuario deja de ser un lugar “sagrado”. El periodista tiene acceso libre mientras los jugadores se distienden, los encuentra con hielo en las rodillas, sacándose las zapatillas o recién salidos de la ducha; allí es el momento para charlar con ellos.
Se terminó la primera aventura de nuestro recorrido por la magnífica NBA.












