Sería lógico pensar que al vivir desde sus seis y hasta los 22 años en Estados Unidos podría haber perdido el cariño por nuestros colores. Pero no hace falta conocerlo demasiado para rectificar este prejuicio, porque desde la superficie de sus costumbres se puede palpar un profundo sentido de pertenencia. A pesar de la influencia anglosajona, su sangre y la idiosincrasia de su hogar lo llevaron a ser tan argentino que cualquiera: allí se hablaba español, se comía asado y se compartía todo con la familia. “Ya sea que haya tenido un buen o mal partido, siempre tengo una palabra de aliento o algún consejo de parte de ellos”, comenta Erik Thomas, el protagonista de esta hermosa historia, en una larga y distendida charla con Prensa CABB.
Su padre, James Thomas, fue campeón universitario compartiendo cancha con Isiah Thomas -el armador estrella de los Bad Boys de Detroit- y bajo la dirección del legendario Bobby Knight. Jugó cuatro temporadas en la NBA y recaló en nuestra Liga Nacional, en la que vistió las camisetas de Estudiantes y Olimpo de Bahía Blanca, Gimnasia de Comodoro Rivadavia, Echagüe de Paraná, Boca y Ferro, donde se coronó campeón y MVP en 1989 de la mano de León Najnudel. Una huella indeleble que lo ubica como uno de los mejores extranjeros que pisaron nuestra amada LNB.
Durante su estadía en la ciudad bahiense, Jim conoció a Fabiana Díaz. En la localidad chilena de Temuco tuvieron a su hija Sthepany, quien en su madurez integraría nuestro seleccionado nacional femenino. Seis años más tarde nacería Erik en la capital entrerriana y, tras un paso por Trelew, llegaría la mudanza a USA. Allí tendría lugar el desarrollo personal, académico y deportivo de este alero de 1m98 que llegó a entrenar con uno de los últimos campeones de la NBA, se destaca actualmente en el Paulistano brasilero y aguarda con ansias una nueva chance en nuestra Selección.
SU ACTUALIDAD Y LAS GANAS DE VOLVER A LA SELECCIÓN
Erik Thomas llegó a la Liga Nacional en 2017 tras consagrarse campeón y MVP de la Conferencia Southland con la Universidad de New Orleans, con promedios de 20.5 puntos, 8.1 rebotes, 2 asistencias y 1.5 robo por partido. En nuestro país, jugó para Regatas de Corrientes, Libertad y Ferro, dejando una muy buena imagen.
En 2020 emigró a México para aportarle 17.7 puntos y 7.5 rebotes en 20 cotejos al equipo de Soles, y a principios de este año firmó con Paulistano de Brasil. Tras haber integrado la preselección para la Americup del 2017, su sólido presente (12 puntos, 6 rebotes y 3.3 asistencias en 26 minutos) lo llevan a postularse una vez más como un candidato a pelear por un lugar en la Mayor.
-¿Cómo se dio la chance de venir a jugar a Argentina y cómo considerás que fue tu desempeño en la Liga Nacional? ¿Resultó difícil adaptarte?
-Siempre quise jugar en Argentina, como lo hizo mi padre. Me recibieron muy bien, fue una experiencia genial que me sirvió para crecer. Cuando vine a Regatas estaba comenzando mi carrera profesional, debí cambiar la página de mi etapa universitaria y madurar en lo mental. Sabía que era un punto de partida, y pude aprovechar ese año y medio para compartir y aprender de grandes jugadores como Paolo Quinteros. En mi paso a Libertad me acoplé a un equipo luchador, de hombres de batalla como Loku Cuello, Agustín Cáffaro, Diego Figueredo, Nicolás Copello y muchos jóvenes con ganas de progresar. Ahí tuve que jugar fuerte y ganarme el respeto de la Liga. Creo que pude adaptarme bien, sobre todo en mi última etapa. Al principio me costó porque no tenía demasiados minutos, pero con el tiempo fui ganando protagonismo y acostumbrándome al ritmo de juego. En Ferro terminé jugando muy bien, y antes del parate por la pandemia estábamos entre los mejores cinco del torneo. Cada temporada que jugué en la Liga intenté dejar todo para mejorar y para ganarme el cariño de la gente.
-Luego te fuiste y la rompiste en México. ¿Cómo fue ese paso por Soles de Mexicali?
-La etapa de Soles realmente me encantó. Teníamos un gran equipo, con jugadores de experiencia que habían sido campeones el torneo anterior, así que arribé a un plantel que ya venía con intensidad, confianza y un nivel muy alto. No podía pedir nada más porque el club, mis compañeros y el entrenador me apoyaron desde el primer momento, y me dieron la oportunidad de jugar libremente y disfrutar. Me sentí muy cómodo, me encontré con un conjunto competitivo y una liga fuerte, de mucho roce físico, similar a la de Argentina y a la de Brasil. Logramos terminar primeros en la Zona Oeste, aunque no pudimos avanzar de la primera ronda de playoffs.
-Hoy seguís demostrando un alto nivel en el Paulistano. Hablame sobre este presente.
-Tuve la suerte de sumarme a un grupo que se maneja como una familia, siempre estamos juntos y eso es importantísimo. La liga es intensa, agresiva, con jugadores importantes y también de proyección. Es un torneo de 16 equipos donde luchamos por ingresar entre los primeros cuatro, para quedar bien posicionados de cara a los playoffs. Mis compañeros me ayudaron a adaptarme al estilo de juego brasilero, pero pudiendo también desplegar el mío. Me siento muy feliz con mi presente y el del equipo, estamos jugando con mucha intensidad y solidez defensiva. El club es grandioso, y la ciudad de San Pablo también me agrada mucho.
-¿Tenés la ilusión de volver al seleccionado con este nivel que estás mostrando en Brasil? El cuerpo técnico no ha dejado de seguirte. ¿Qué expectativas tenés para el futuro?
-Jugar en la Selección es un sueño, tanto para mí como para mi familia. Voy a seguir jugando fuerte, duro, haciendo lo mío, y ojalá tenga nuevamente la oportunidad de representar a la Argentina. Seguí los partidos de las ventanas, así como el tremendo Mundial 2019, y estoy contento de que nuestros jugadores estén dejando tan alto a tu nuestro país. Me encantaría vestir la celeste y blanca, sería un orgullo, sigo enfocado y esperando mi momento. Si llega la chance estaré listo, y si no estaré siempre apoyando.
-Fuiste parte de la preselección para la AmeriCup 2017, pero finalmente quedaste fuera de esa convocatoria. ¿Qué recuerdos te quedan de ese primer acercamiento a la Mayor? ¿Cómo te viste en los entrenamientos y cómo fue integrarte a un grupo que se estaba consolidando?
-Fue sumamente enriquecedor. Era la primera vez que formaba parte de la Selección Mayor y estuve junto a los mejores de nuestro país, como Facu Campazzo, Nico Laprovittola, Pato Garino y el resto de los chicos. Cuando tenés jugadores así de grandes alrededor tuyo, lo único que podés hacer es permanecer callado, observar y aprender. Siempre es difícil ser nuevo, pero me recibieron muy bien, como me lo esperaba. Pude ir adaptándome a su estilo de juego, además de pasar tiempo con ellos y conocer a cada uno. Me sentí muy bien, cómodo, y con un orgullo enorme de haber estado ahí.












