En las últimas dos décadas, Gualeguaychú ha sido cuna de grandes jugadores que forjaron carreras muy importantes en la Liga Nacional. Junto a Raymundo Legaria y Sebastián Vega, Roberto Maximiliano Maciel es uno de los principales exponentes de la Capital Nacional del Carnaval en la elite.

“El Gordo”, como le dicen cariñosamente, baja del ascensor del hotel. Este guerrero del tablero es en realidad un tipo simple, que con quince años en la elite sigue viviendo el básquet con pasión. Sus manos de tirador y su voz grave se acercan y es todo simpatía. Sus respuestas sinceras y llenas de ese valor campechano entrerriano.

No busca aplausos. En la cancha da la sensación que tampoco le agrada ser protagonista. Sin embargo, este líder que actúa desde una pequeña trinchera genera cohesión, transmite los valores que le dio su familia. Contiene y escucha a los más jóvenes. Un jugador que a los 32 años no se le caen los anillos por serle útil al cuerpo técnico. Y se ganó el cariño de los hinchas “cerveceros”, simplemente porque demuestra que lo que le gusta es jugar al básquet.

Surgido de las divisiones formativas del Club Neptunia, Maxi supo ganarse su lugar en la LNB a base de dedicación y esfuerzo acompañado de sus habilidades y condiciones físicas; nunca nadie le regaló nada. Luego de recorrer el país, hoy en Quilmes de Mar del Plata se halla “tranquilo y muy cómodo”; en ‘La Feliz’ encontró su lugar en el mundo para vivir con su esposa (oriunda de MDQ) y sus dos pequeños hijos.

“En las dos estadías por Quilmes he estado muy cómodo. Tengo mucho aprecio por la gente del club como ellos lo demuestran para conmigo. Hemos logrado una relación llevadera, de eso se trata la convivencia. La ciudad me gusta mucho; el mar, la playa y esas cosas de ‘pueblo grande’ porque al mediodía la gente corta y se va con la vianda a tomar mates a la arena. Ves que los chicos que salen de la oficina con la tabla de surf abajo del brazo. Siento que hay calidad de vida”, aseveró en la extensa charla con Entre Ríos Básquet.

 

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Boca, su primer destino en la élite

Con 16 años, Maciel recibió la propuesta para continuar su promisoria carrera deportiva en Boca Juniors. “No fue una decisión difícil porque no tenía noción de lo que me iba a pasar”, comentó. El apoyo de sus padres, los momentos de soledad y llanto y los nervios del debut en la Liga Nacional.

-¿Cómo fue la decisión y la partida de Gualeguaychú a Buenos Aires siendo tan chico?

-Mis padres me dejaron tomar la decisión con total libertad, no me dijeron “andá a jugar” ni tampoco insinuaron un “quedate”. Me hablaron todo lo que pudieron y con su conocimiento trataron de explicarme los pro y los contra de irme a Boca. Hubo gente del club que influyó un poco porque ellos fueron los que consiguieron el contacto y ellos eran como los que más querían que fuera. En definitiva, no fue una decisión difícil porque no tenía noción de lo que me iba a pasar; sin embargo, creo que si hoy tengo que tomar la decisión nuevamente lo pensaría dos veces. Igual, considero que lo volvería a hacer.

-El desarraigo de los primeros meses y comenzar a vivir sin la contención de la familia.

-El primer año fue durísimo, me pasé algún que otro fin de semana de llanto. En la época que no había Liga, iba por la mañana al colegio y después entrenaba desde las 15 horas hasta las 19:30 todos los días, cuando venía de hacerlo dos horas diarias en Gualeguaychú; era muy grande el cambio. Estaba en el plantel de la Primera local y recuerdo que jugábamos los martes o jueves a la noche. La verdad fue duro, pese a que tenía parte de mis hermanas en Buenos Aires y mi viejo, que era chofer de micros, me visitaba seguido. Pero por ahí te encontrabas un domingo solo en tu casa y no había otra cosa que mirar televisión; no era como hoy con internet, el celular y los videos juegos.

-¿Y cuando empezaste a sentirte mejor o a tomarle el gustito a lo que era el básquet de Boca?

-Creo que se dio con el tiempo y por el acompañamiento que tuve de mucha gente. Cuando llegaba a la tarde los días de partidos, sentía que estaba en Gualeguaychú. Las tiras de partidos arrancaban como a las 15 hs. hasta la noche, y los padres traían galletitas, facturas, tomábamos mates. Y yo pisaba el club y todos me decían “vení entrerriano”, “dale gordo”; me paseaba por toda la platea charlando, compartiendo unos mates, comiendo galletitas. Algunos padres de mis compañeros me llevaban a la casa, entonces estaba súper contenido por todos y eso me fue ayudando muchísimo para la adaptación.

El salto al equipo de la Liga Nacional

Cuando el joven Maxi Maciel llegó a la Boca en el plantel “xeneize” había algunos jugadores nacionales de renombre como Alejandro Montecchia, Rubén Wolkowyski, Daniel Farabello, Esteban De La Fuente, Gabriel Fernández, Sebastián “Paco” Festa y extranjeros de peso como Carlos Groves y Charles Burke. “Estaba todo el tiempo aprendiendo de básquet. El sacrificio de tener la familia lejos y del esfuerzo diario, se compensaba con el hecho de compartir con ellos un vestuario”, recuerda.

El oriundo de Gualeguaychú hizo su debut en la Liga Nacional el 29 de octubre de 2000 en un encuentro frente a Pico Football Club. “Estaba nervioso. Tenía 18 años y en los partidos por ahí lo que menos esperas es jugar; lo que menos pensas es que te digan ‘dale Maxi, entrá’. Y fue muy lindo porque estaban los padres de todos los juveniles que siempre nos acompañaban y fue como que teníamos hinchada personal. Ese día jugamos varios juveniles y el DT Néstor García nos mandó a todos a la cancha”.